Ten cuidado con el hechizo

Ten cuidado con el hechizo

jueves, 19 de abril de 2012

Amor tuyo

En la filosofía budista aceptar el sufrimiento es el camino hacia la iluminación. En el Amor moderno, aceptar el sufrimiento es simplemente masoquismo.

Pintamos de color rosa los berrinches, de adorables las rabietas, de afrodísiacos los celos y justificamos cada mal comportamiento en nombre del Amor. Creo que si el Amor fuera una persona nos mandaría a todos al carajo porque no hemos hecho más que manchar su nombre.

Pero el problema radica en que no nos han enseñado lo que es el Amor, no nos enseñan a amar, lo que nos enseñan es a aferrarnos a personas y cosas y ponerle nombres equivocados, en otras palabras, nos enseñan a fabricar un impostor del Amor. Un autómata sin alma que nunca escucha a su corazón y hace siempre lo que los demás le dicen.

El amor a nosotros mismos es el primero, y es innato, lo traemos desde el cordon umbilical. Una vez fuera del líquido amniotico y por ende del seno materno, ese amor se manifiesta todo el tiempo, el bebé llora cuando tiene hambre, llora cuando tiene sueño, llora si se ensucia, berrea si no lo cargan, sonrie cuando ve algo que le gusta, se entretiene con los sonidos y llora si ve a una persona que no es de su agrado, total, él llora y se manifiesta solo por lo que él siente y le gusta y le vale un soberano pepino si los demás están cansados, con sueño, aburridos, etc., porque a él simplemente lo tienen que atender, sino, llora!. No es lindo el bebé??? 

Salimos del vientre materno y hacemos lo que se nos antoja con nosotros y con nuestro entorno. No hay preocupaciones de ningun tipo, al menos por un par de años. Pronto empiezan las lecciones de moral, lo bueno, lo malo, el no puedes, el no debes, el Señor está arriba en los cielos, no lo ves, pero él sí y está anotando todos tus berrinches y te va a castigar, el NO porque yo lo digo, el "eso es malo".

Un par de años más y comienza el tú eres un bueno para nada, eres un sordo, eres un burro, eres un ciego, eres muy lento, todo lo haces mal, aprende de tu hermano o del vecino, y toda una serie de lecciones "inmorales y antiéticas"  que día a día cual gota de agua en un taza terminarán cavando hondo en tu corazón hasta el día que sin darte cuenta te habrás convertido en un adulto. Uno que no cree en sus capacidades, uno que siempre está enfrascado en encontrar el camino bueno y no el malo, perdiéndose de ese modo el valioso tiempo de vida, uno que con cada acción suya corre a preguntar a los demás si está en lo correcto, uno que le teme al castigo de un Señor que se encuentra en los cielos pero que nunca ha podido ver,  uno que aprende a vivir para ver lo que digan los demas.

El Amor empieza desde que tenemos consciencia de estar vivos, esa consciencia que tenemos al nacer pero que perdemos en el camino, o mejor dicho, nos la hacen perder, porque en vez de crecer animado por el amor, crecemos animados por el desamor, la negatividad, el dolor, el sacrificio, la intolerancia, no nos enseñan a respetar la naturaleza y a los animales, no nos enseñan que todos somos iguales pero a la vez distintos, no nos enseñan la diferencia entre amar y ser egoísta, entre amar y retener, se ama a las personas, se retienen las cosas. 

La mente, el Corazón y el alma entran en total conflicto y se produce un caos, lo cual trae como resultado a un adulto lleno de desconfianza con su medio, inseguro, sordo a sus propias necesidades, inútil para reconocer su gran capacidad de vencer adversidades, autómata que repite coros y oraciones y lecciones religiosas, víctima de su propia cobardía acaba creyendo que el amor sólo puede ser suministrado por alguien o algo, y pasa sus largos años en ese auto engaño idealizando a cada mujer y/o hombre que se encuentra en su camino y aferrándose a tantos y tontos objetos banales. 

Y finalmente muere creyendo que la vida fue dura e injusta porque nunca le permitió conocer el amor, sin sospechar que siempre lo tuvo en su interior, que era cuestión sólo de despojarse de los prejuicios, los estereotipos y la falsa moral que le inculcaron. Lo tuvo todo el tiempo para él, lo tuvo en sus hijos, en su trabajo, en sus hobbies, en la música, en la belleza de una puesta de sol, en las ganas de vivir. En su propio latir.

 
"Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.
Oscar Wilde (1854-1900)